Antes de comprar: cómo leemos cada prueba
Nuestras reseñas no salen de una ficha técnica. Cada colchón, almohada o protector pasa por noches reales en camas compartidas, con distintos pesos, horarios y posturas. Estas son las reglas que aplicamos para que una puntuación signifique algo concreto.
Firmeza por zonasMedimos la presión en hombros, pelvis y lumbar con un durmiente de lado y otro boca arriba. Un colchón puede ser firme en el centro y blando en los bordes; eso cambia según quién se acueste y en qué postura.
Transferencia de movimientoUna persona se levanta a las 5:30, la otra sigue durmiendo. Registramos cuánto se mueve la superficie al salir, al girar y al sentarse en el borde. El resultado depende del tipo de muelle y de la capa de espuma, no del precio.
Aislamiento térmicoProbamos en noches de verano y de invierno, con edredón grueso y con sábana fina. Anotamos si la espuma retiene calor o si el tejido transpira. Una misma cama puede sentirse distinta para cada persona según su temperatura corporal.
Ruido del muelleLos muelles ensacados suelen ser más silenciosos que los continuos, pero no siempre. Giramos, nos sentamos y caminamos sobre el colchón para detectar chirridos que aparecen a las pocas semanas, no solo el primer día.
Durabilidad tras uso prolongadoCada producto se prueba durante al menos 60 noches. Revisamos hundimientos, deformaciones del borde y pérdida de firmeza. Un colchón puede sentirse bien el primer mes y ceder después; eso solo se nota con el tiempo.
Puntuación por tipo de durmienteNo damos una nota única. Separamos los resultados para quien duerme de lado, boca arriba o combinado, y para parejas con horarios opuestos o mascotas que comparten cama. Lo que funciona para uno no siempre funciona para el otro.